Fuente: El País

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Mejilla sobre la culata, índice aferrado al gatillo y el ojo derecho encajado en la mira telescópica. Se trataría de una escena habitual en los frentes de las tropas regulares sirias si no fuera por dos elementos discordantes: un par de cejas pulcramente depiladas y el pelo recogido en una coleta. Sausa, de 23 años y originaria de Latakia, es una de las 800 soldados mujeres que durante los últimos tres años forman parte de la Guardia Republicana del Ejército sirio. La totalidad del Katiba el Benat —el batallón de las chicas—, como les bautizaron el resto de soldados, está apostada en Daraya, a cinco kilómetros al sureste de Damasco, capital siria. Sigue…

 

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