La monologuista que se ríe de los tabúes en Irán

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Fuente: El Mundo

La humorista iraní Zeinab Mousavi Firma E.M.

Instagram, donde cuelga sus vídeos, de no más de tres minutos, es el escaparate de la primera monologuista de humor en un país poco acostumbrado a que sea una mujer quien provoque las carcajadas. “Los iraníes ríen mucho, pero con dificultad. La risa tiene muchas limitaciones”, reconoce. Y prosigue: “Los hombres pueden acercarse a ciertas líneas rojas. Abordar ciertos temas, sin ser explícitos, se considera inteligente. Hay bromas que sólo pueden hacerlas hombres, como por ejemplo las sexuales. La diferencia es que yo sí las hago”.

Apareció un día Kuzcooo, caracterizada como una maruja piadosa cubierta por completo con un chador floreado, del que a duras penas asoma una nariz aguileña, preguntándose, con su atropellada voz de pito, por el pasado de una de las estrellas del fútbol local. “En Irán, como en otros países, es tradición que la profesión familiar se tome como apellido. Por ello, Kuzcooo se preguntó cuál demonios fue el oficio del tatarabuelo del portero Sosha Makani – ‘makan’ es ‘picadero’ en persa -. Me gané un artículo crítico”, recuerda entre risas.

Zeinab Mousavi saltó al humor desde la timidez. “Durante años fui una persona retraída. En lugar de intervenir, me fijaba en cómo se comportaba la gente”. Todo cambió al llegar a la Universidad, donde, explica, era costumbre que una vez al año la Dirección reuniera a los nuevos alumnos en un ágape y respondiera a sus dudas “como quería, ignorando sus preguntas por completo. Un día, tras la fiesta, me subí al escenario frente a un grupo de amigos y empecé a imitar a uno de los directivos, improvisando respuestas”.

Sin que ella lo supiera, alguien grabó aquella actuación. Pero el vídeo permaneció dos años en la sombra hasta que, en un día de bajón y tras dejar un empleo, Zeinab halló el archivo y publicó un fragmento en Twitter. “No es que tuviese muchos seguidores… Pero a la mañana siguiente, al ver con qué rapidez se había propagado, me dije ‘la que he armado’. Ante el éxito, una amiga me animó a abrir un canal en Internet a través del cual compartir nuevos vídeos. ‘Pues adelante’, concluí”.

Protegida por la identidad ficticia del ama de casa refunfuñona y sabelotodo de Qom, Mousavi alcanzó una fama notoria. Al tiempo, la cadena estatal iraní, acostumbrada a la censura pero dispuesta, a veces, a ensanchar los márgenes para atraer a los usuarios de antenas parabólicas, ilegales, dio una oportunidad a la comedia. “El programa Jandevane – Haz Reír – convocó un concurso de monólogos de humor. Lo consulté con mi agente y decidimos salir adelante. Enviamos un vídeo, nos contactaron y entramos en el concurso”.

La comediante, que descubrió su identidad en antena, no ganó el certamen, pero ganó seguidores. Pese a ello, las amenazas de unos pocos no cesaron. “Me han acusado de impúdica”, dice Mousavi. “Para algunos es difícil ver a una mujer en un espacio público. Pero las amenazas, algunas de echarme ácido, no han sido más que verbales. Pasé mucho miedo durante la etapa en que no era nadie”, recuerda. “Nuestro padre siempre nos educó para ser nosotras mismas y no dejarnos influenciar. Por ello, ahora no tengo miedo a nada”.

Y siguió atizando. Emperator Kuzcooo ha osado cachondearse del Shahname, el poema épico iraní por antonomasia. Últimamente anda mosqueada con el Gobierno porque, aunque prometió que el pacto nuclear satisfacería las necesidades de todos los iraníes, su yerna Sakine sigue viva. Madridista hasta la médula, está absolutamente convencida de que las victorias del Real Madrid llegan cuando Zidane se postra hacia la Meca en la media parte. Igual con Karim Benzema, “que es un patán, pero se lo perdonamos porque es musulmán”.

Pese a que el humor de Musavi es costumbrista, en la República Islámica la religión lo impregna todo, y ella no rehuye. En uno de sus monólogos más aplaudidos, Kuzcooo, orgullosa de la destreza de su hijo tamborilero – una controvertida y reciente tradición, en el mes islámico de Moharram, son las procesiones de madrugada -, se indigna con los vecinos que protestan por la hora del evento, duermen o no prestan atención al golpeo de su retoño: “Y si tenéis un enfermo en casa, os jodéis”. Un mulá, asegura, le felicitó por el chiste

Así que, ¿cuáles son los límites del humor? “Como humorista no hay límites, pero, como musulmana, sí hay ciertos límites”, matiza Zeinab Mousavi, quien se confiesa creyente. “Está el respeto a la cultura de la gente de mi país, aunque haya cosas que no comparto. Si hay algo que va a herir los sentimientos de la gente, no me meto. Pero, de todos modos, sí es cierto que nos hemos metido con un montón de cosas y hemos ofendido a mucha gente…”, puntualiza. En resumen, zanja, su límite “es lo sagrado”.

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